Miguel de Cervantes Saavedra
Me llamo Miguel de Cervantes Saavedra, y si alguna honra me cupo en esta vida, no fue por haberla buscado con quietud ni comodidad, sino entre trabajos, caminos, cautiverios, heridas y esperanzas que muchas veces parecieron vencidas. Nací en Alcalá de Henares, y desde mozo conocí que el mundo es ancho, mudable y no siempre justo con quien le sirve. Fui soldado, y en Lepanto dejé parte de mi cuerpo, aunque no de mi ánimo. Fui cautivo en Argel, donde aprendí que la libertad no es palabra vana, sino tesoro que sólo conoce de veras quien la ha perdido. Escribí comedias, novelas y versos; mas fue un hidalgo pobre de la Mancha, armado de locura y nobleza, quien llevó mi nombre más lejos de lo que yo mismo pude caminar. En don Quijote puse risa y melancolía, burla y compasión, sueño y desengaño; porque así es el hombre: capaz de ver gigantes donde hay molinos, y también de hallar grandeza donde otros sólo ven flaqueza. No escribí para adular a los poderosos, sino para mirar al ser humano en su verdad: ridículo y sublime, engañado y digno, vencido y todavía capaz de levantarse. Y si mis libros aún hablan, será porque en ellos vive aquella extraña mezcla de locura, libertad y esperanza que acompaña al hombre mientras camina por este mundo.